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Alteraciones nutricionales en el curso de las enfermedades reumáticas.

Las enfermedades inflamatorias crónicas, como la artritis reumatoide, se acompañan de una disminución de la masa magra corporal que favorece la pérdida de autonomía y funcionalidad de los pacientes, lo que genera una peor calidad de vida y una menor supervivencia.

La determinación del índice de masa corporal infraestima la presencia de esta alteración, ya que muchas veces se acompaña de un aumento de la masa grasa, lo que a su vez es un factor de riesgo para el síndrome metabólico, la diabetes mellitus y las enfermedades cardiovasculares.

Se recomienda adoptar medidas para prevenir y tratar este trastorno, para lo que es fundamental el cribado durante el seguimiento y el empleo de medidas más sensibles, como la bioimpedanciometría.

La presencia de alteraciones nutricionales en las enfermedades reumáticas no está bien definida. Su prevalencia varía entre el 4 y el 95%, en función, principalmente, de los criterios utilizados para su detección. Recientemente se ha publicado una revisión sobre este tema, en la que se considera su prevalencia, su etiopatogenia y las recomendaciones para el enfoque de esta alteración. Fundamentalmente, se distinguen 3 tipos de alteraciones nutricionales en estos enfermos: a) desnutrición asociada a procesos inflamatorios crónicos (caquexia); b) desnutrición asociada a procesos inflamatorios agudos, y c) desnutrición asociada a baja ingestión alimenticia.

Clínicamente, podemos encontrar varios tipos de pacientes: desde pacientes con bajo peso y disminución de la masa magra, a pacientes que por su índice de masa corporal (IMC) se clasificarían como sujetos con sobrepeso u obesidad, pero que cursan con disminución de la masa magra asociada al proceso reumático crónico. Además, se debe tener en cuenta que este aumento de la masa grasa representa un factor de riesgo para el desarrollo de síndrome metabólico, diabetes mellitus o enfermedad cardiovascular.

Aunque la prevalencia de estos trastornos no está bien definida, en un estudio realizado en pacientes mejicanos con artritis reumatoide se encontró que el 48% presentaba una disminución de la masa magra, y el 94% de éstos tenía un incremento de la masa grasa, lo que se reflejaba en una escasa alteración del IMC, por lo que se entiende que el problema de desnutrición está subestimado. Ello conlleva que, actualmente, para la detección de la desnutrición en estos pacientes se recomienden medidas de mayor sensibilidad que el IMC, como la bio-impedanciometría, la resonancia magnética o el estudio de la composición corporal mediante un densitómetro adecuado.

La forma de presentación más frecuente y relevante es la caquexia asociada a la enfermedad inflamatoria crónica. Estos procesos inflamatorios conllevan, de manera sostenida a largo plazo, la activación de mediadores de la inflamación, como el factor de necrosis tumoral, la interleucina 1 y 6, el factor transformador del crecimiento beta y la activación del factor nuclear kappa-beta, que ejercen un efecto catabólico incrementando el gasto energético total, la proteolisis muscular y la gluconeogénesis, con disminución de la síntesis proteica muscular y la desmineralización ósea, entre otros efectos. El efecto combinado de los mediadores inflamatorios conlleva, además, anorexia, disminución de la movilidad, debilidad, limitación funcional, pérdida de autonomía y fatiga fácil. A esto hay que sumarle los posibles efectos secundarios de los medicamentos (salazopirina, metotrexato, glucocorticoides) sobre el apetito y la composición corporal.

Para evitar esta situación, los autores de este trabajo proponen una serie de medidas, como son: a) cribado y evaluación nutricional en los pacientes con enfermedades reumáticas, incorporando medidas que evalúen no sólo el IMC, sino que diferencien entre la masa grasa y la masa magra corporal; b) prescripción, vigilancia y seguimiento dietético para mantener una ingesta adecuada, tanto en macronutrientes como en micronutrientes; c) incorporación de programas de rehabilitación que permitan preservar la densidad mineral ósea, la masa y la fuerza muscular, para mantener la funcionalidad, la independencia, la autonomía, la prevención de la discapacidad y la mejora en la calidad de vida de los pacientes con enfermedades reumáticas, y d) intentar la modulación selectiva de los procesos inflamatorios, para atenuar la respuesta metabólica que acompañan a las enfermedades inflamatorias crónicas.

La progresiva inclusión de enfermeras especializadas en las unidades de reumatología de nuestro país, con diferente grado de implantación según las distintas zonas, puede ser un factor que favorezca la inclusión desde la atención especializada de aspectos esenciales para el paciente, relevantes para su calidad de vida y supervivencia, pero que a menudo son relegados en la práctica diaria. También la atención primaria debe reclamar su papel central, coordinando la atención al paciente como un todo biopsicosocial.

Fuente: www.sietediasmedicos.com

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