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La Nanotecnología en el avance contra el cáncer.

La nanotecnología es un campo multidisciplinario que vino a cambiar la escala con la que se mira al mundo. Acceder a esos fragmentos diminutos de la naturaleza abre gigantescas posibilidades a distintas industrias, a la medicina y al tratamiento de ciertas enfermedades.

El Instituto de Nanosistemas de la UNSAM, presidido por Galo Soler Illia, adelantó cuáles serán los grandes desarrollos que esta tecnología traerá al campo de la salud.

Hay información sobre algunas investigaciones en curso para aplicar nanotecnología a la salud, por ejemplo, en tratamientos contra el cáncer. ¿Cuál la dimensión que tienen estos desarrollos?

"En salud el tratamiento que se está haciendo es revolucionario. Lo que pasa es que para que algo pueda aplicarse a la salud tienen que pasar un montón de años y etapas de experimentación (de fase uno, fase dos, etc.), en las cuales hay que demostrar que lo que estás haciendo es un medicamento, que no genera trastornos, y luego pasar a las pruebas en animales y humanos. Es complejo, pero igualmente a lo que apunta la nanotecnología es a hacer medicina personalizada, en el sentido de que, cada vez, se conocen más y más las bases moleculares de muchísimas enfermedades. De allí que en estos momentos se estén construyendo nanonaves o nanosistemas con las cuales se puede mejorar mucho, no la droga que le suministra al paciente, sino la forma en la que ésta llega al lugar específico de la enfermedad".

Se trata de partículas ínfimas cuyo tamaño es mil veces inferior al diámetro de un cabello. Estos dispositivos tienen la particularidad de ser autopropulsados, es decir, que pueden moverse por sí solos, con energía propia. Aunque se las llame "nanonaves" o "nanorobots" lo cierto es que poseen geometrías muy simples. Son pequeñas bolitas o cilindros que podrán ser inyectados en nuestras venas para que viajen por el torrente sanguíneo y mover fármacos por el cuerpo, para curarnos desde adentro.

Otra particularidad es que deben ser inteligentes, saber a dónde ir –por ejemplo, en cáncer o en partes dañadas, advertir cambios de PH, o de temperatura, o de la composición química del tumor- poder detectarlos y saber que es allí en donde tienen que aterrizar. Una vez ubicados en el lugar exacto, hay varias formas de librar el fármaco. Como explica Soler Illia: "En el cuerpo tenemos millones de células, algunas de ellas pueden estar enfermas, crecer descontroladamente, no recibir suficiente irrigación, etc. En ese caso, yo puedo tomar nanocápsulas en las cuales meto el remedio adecuado y le pongo sensores (anticuerpos, biomoléculas).

Esas biomoléculas, reconocen determinado tipo de tejido, de órgano, o de célula que está enferma, porque, por ejemplo, expresa alguna señal en la parte externa. Entonces con eso, yo puedo hacer que 'aterrice' directamente en la célula adecuada.

Pero, además, esa nanonave está cargada con 'explosivos'. Sobre esa nanopartícula puedo poner un control remoto o activarla desde afuera con un rayo láser o con una descarga (magnética o eléctrica). Por ejemplo, puedo tener una partícula de oro que, cuando es irradiada con un rayo láser o un infrarrojo, vibra, se calienta localmente y puede expulsar moléculas".

Los tumores están formados por varias capas, como una cebolla. Lo que hacen los fármacos actuales es matar las células exteriores, las capas más superficiales, con la consecuencia no deseada de dañar también a las células sanas. Pero estas nanonaves son potentes y tienen la capacidad de penetrar en el tumor y de acceder, no sólo a nivel de la capa externa, sino de meterse dentro, lo que daría una solución ideal contra el cáncer y bajaría enormemente los efectos secundarios tan agresivos de las terapias convencionales. "De esta manera, no estás tomando un remedio normal, sino que estás ingresando un medicamento en el cuerpo y luego le decís, por control remoto, a dónde debe llegar y a dónde librarse, y evitar así un montón de efectos secundarios".

Se calcula además que esta tecnología podría reducir cien veces los costes de este tipo de tratamientos. Pero quedan algunos desafíos por resolver, especialmente en torno a qué tipo de energía, de combustible, usar para que se autopropulsen, que el mismo no se agote ni sean dañino para el cuerpo.

¿Cuánto tiempo pasará hasta poder ver esta tecnología en los consultorios? Nadie lo sabe con certeza. Sin embargo, si bien se trata de un desarrollo que ya lleva 10 años, los científicos que trabajan en el tema calculan que aún se está a mitad de camino de las verdaderas posibilidades que abren estos adelantos de la ciencia y la tecnología al campo de la salud.

Fuente: www.infobae.com

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